miércoles, 23 de mayo de 2007

Cuando el universo se rebela...

No debería haberme levantado de la siesta... tendría que haber seguido durmiendo hasta mañana por la mañana, porque la tarde de hoy ha sido de esas en las que uno piensa que todo el universo está en tu contra, y que los planetas se alinean tan solo para hacerte la puñeta...

Ya el día no había empezado muy bien... dichosas huelgas de autobuses y encima a eso se le sumana la salida de los rocieros, total que por mucho que uno madruga, a veces dios no le ayuda.
Pero bueno, por la tarde pensaba dar solución a eso de tener que depender de los autobuses (o del coche de San Fernando) durante esta semana... iluso de mi.

La cosa está en que uno de los pedales de la bici se fue a hacer gárgaras ayer, así que creyendo que es una de esas cosas que se solucionan rápido, pensaba pasarme por una tienda de aquí cerca a arreglarlo, es más, iba a aprovechar para ir luego a la oficina de correos que hay en la zona de Santa Justa pues tenía un aviso de un paquete y había preferido ir a por él (que mañana tampoco estaré aquí y tenía ganas de abrirlo ya).

Así que uno se levanta de la siesta, coge la bici, coge el resguardo de correos, algo de dinero para la reparación... y allí que vamos. Mal, muy mal!

El cielo un poco oscuro, pero bueno, en bici se llega enseguida... sólo que la reparación iba a requerir más de lo que yo pensaba: una biela nueva, que con suerte me traeran el viernes. Así que tenía dos opciones: volverme a mi casa para luego ir a Santa Justa o arriesgarme... otra vez mal. Tiro de la bici como buenamente puedo (el pedal dando unos vandazos que pa qué) y ya estaban empezando a caer unas gotillas... cuando llego a la estación resulta que no es exactamente allí, hay que hacer un trecho aún. Bueno, no pasa nada, no parece que vaya llover tanto, son sólo cuatro gotas.

Fue salir de la estación y recorrer doscientos metros cuando me encontré en medio de la tempestad (y suerte tuve de ir por una tener unos arboles sobre mi cabeza y de no haber ido muy lejos). Jamás había visto levantarse una lluvia tan fuerte en tan poco tiempo, brutal. Empezó a caer agua a cántaros y enseguida se puso a granizar.

Sería mejor que diese la vuelta... y quince minutos tuve que estar mirando (junto a la gente de la estación, que lo flipaba igual que yo) hasta que me atreví a coger un taxi. Suerte que al menos la bici se pliega y entra en cualquier sitio.

Pues ale, de perdidos al rio:
- ¿A dónde vas? (me dice el tio pensandose si salir con la que estaba cayendo).
- Aquí al lado a correos y luego al centro. ¿Me lleva?
- ........ sí. (se lo pensó)

Y ahora encuentra como llegar al sitio, encuentra la calle correcta, evita que se te echen encima los coches que, gracias a la bendita lluvia, se habían quedado sin semáforos. Pa habernos matao... Ya me lo decía el taxista: yo no me juego darme un porrazo, de aquí me voy a casa.
Conseguimos llegar al sitio y resulta que los ordenadores no van por el apagón, al final me cogen los datos y me dan el paquetazo. Ale, otra vez al taxi y a verlas caer.
Parece que amaina, aunque todavía llueve a cantaros (pero es que comparándolo con lo anterior...). Así que conseguimos llegar a la Alfalfa y me hago el paseito hasta mi casa, caja en una mano, bicicleta plegada en otra y el agua sin dejar de caer.
Iba a ir a clase de robótica el tato...

Quien me mandaba a mi a decirles a los de correo que no lo intentasen mañana, que ya iba yo a por él, para que diablos tenía yo que coger la bici hoy si amenazaba lluvia, cómo no se me ocurrió recoger la ropa del tendedero...

Lo que yo diga, mejor haberme quedado echando la siesta.
...y mañana de nuevo a patita...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Uys, pobreeee ¡A quién se le ocurre irse en biciii :P!! Nosotros estábamos en clase, y los golpes de los granizos sonaban tan fuertes que la profesora paró la explicación varias veces para decir "ay, mi madre, la que está cayendo", "los pobrecitos rocieros" y cosas por el estilo. ¡Espero que no pilles una pulmonía!